Estás respirando… ¿Y qué?

Obviamente, la respiración es muy importante. Sin ella no estaríamos vivos. Pero ¿por qué prestar atención a la respiración cuando respirar es algo que hacemos de forma automática?

¿Está encendido el piloto automático?

Lo primero interesante que tiene la respiración es que la podemos controlar, si queremos, o simplemente dejar que el cuerpo respire por sí mismo. Es un proceso que puede ser consciente o inconsciente. En segundo lugar, el movimiento de la respiración produce sensaciones físicas en el cuerpo que cambian de un momento a otro. Si atendemos a estas sensaciones fluctuantes, podemos ser conscientes de nuestra respiración sin controlarla. Es un buen entrenamiento para ser conscientes de lo que está pasando en cada momento de nuestra vida, incluso cuando, aparentemente, no está pasando nada.

Un término medio entre los extremos de “controlar” e “ignorar” es simplemente “atender”.

Prestar atención de manera intencionada a las sensaciones físicas asociadas con el movimiento de la respiración nos enseña una lección importante: la mente divaga, incluso cuando no queremos que lo haga. La buena noticia es que sólo hace falta darnos cuenta de que está divagando para poder traerla de nuevo. Ejercitando la mente de esta manera, será más fácil darnos cuenta de cuándo dejamos de prestar atención a algo cotidiano, como a lo que te está diciendo tu pareja, o al párrafo que estás leyendo ahora. Es como si se nos encendiera un testigo cada vez que tenemos activado el “piloto automático”.

Respira hondo

Desde que somos pequeños, nos enseñan a “respirar hondo” o “contar hasta 10” cuando nos enfadamos o nos agobiamos. Puede tener el efecto de desviar nuestra atención de la molestia o la preocupación que sentimos lo suficiente para calmar la emoción y ser menos reactivos. Tal vez no podamos evitar la situación en sí, pero sí podemos evitar experimentar las sensaciones desagradables que provoca el enfado o el miedo. Sin embargo, esta estrategia no funciona bien cuando la situación persiste más allá de nuestra capacidad de escapar de nuestra reacción interna a ella. El problema es que la evitación se puede convertir en una respuesta automática, y es posible que ni siquiera seamos conscientes de la energía que invertimos en la huida. Si siempre intentamos pensar en otra cosa o desviar la atención para evitar una experiencia desagradable, ¿cómo vamos a poder reconocerla la próxima vez que ocurra?

Cuando atendemos a las sensaciones de la respiración, no estamos pensando en la respiración. Es posible saber que estás respirando simplemente sintiendo o notando el movimiento: ser consciente de algo no es lo mismo que pensar en ello. Lo puedes comprobar ahora por ti mismo/a. Tampoco hace falta bloquear los demás elementos de nuestra experiencia que entran en nuestra consciencia (por ejemplo, sonidos, dolor, etc.). Usamos la atención a la respiración como una especie de “ancla” que nos ayuda a no perdernos en la corriente de nuestros pensamientos, emociones y sensaciones corporales. Desde esta perspectiva, es posible observar la corriente y cómo va cambiando, con más claridad, sin ser arrastrado por ella ni nadar en su contra.

¿Qué pasa cuando no está pasando nada?

Mis hijos se quejan que Mindfulness es muy aburrido. Sin embargo, puede ser muy interesante descubrir tus patrones mentales cuando no tienes otra cosa que hacer. ¿A dónde va tu mente? ¿Qué tipo de pensamientos atrapan tu atención? ¿Planes, recuerdos, fantasías, preocupaciones? El ancla de la respiración nos permite conocer estos pensamientos sin tener que involucrarnos con la historia que nos quieren contar o gastar energía en un debate interno inútil. Si conocemos nuestros pensamientos mejor, podemos reconocerlos incluso cuando no estamos practicando Mindfulness y decidir si hacerles caso o no. “Está película ya la he visto y sé cómo acaba.

Atención a la tensión

Te invito a hacer un pequeño experimento.

  1. Nota la sensación de la respiración en el vientre, como se infla y se desinfla con cada inhalación y exhalación.
  2. Aprieta fuertemente el puño.
  3. ¿Cómo es tu respiración ahora?
  4. Ahora, imagina que estás respirando desde la nariz o la boca hacia el puño. Observa las sensaciones asociadas con la respiración en todo el recorrido.
  5. ¿Qué quiere hacer tu mano ahora? ¿Notas algún impulso?
  6. Permite que se abra la mano y observa el efecto en la respiración.

Es probable que hayas notado que la respiración se ha contenido cuando has apretado el puño y que, cuando has “respirado hacia la mano”, ésta haya querido abrirse. Aquí no hay nada mágico. Cuando respiramos “hacia” o “con” una parte del cuerpo, aprovechamos las sensaciones asociadas con la respiración como un “vehículo” para llevar nuestra atención a esa zona. Para soltar una tensión, no es necesario mandar una orden (“¡relájate!”). Tener consciencia de una tensión es suficiente para que se suelte por sí misma.

Lo mejor…

Lo mejor de la respiración es que es gratis, portátil, discreta y todo el mundo la tiene. Es un vehículo que nos transporta de manera inmediata al momento presente sin adornos. Practicamos Mindfulness para acordarnos de este simple hecho.

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