Lo extremo es el enemigo de lo óptimo

Ajustamos nuestro comportamiento automáticamente en base de los resultados de nuestros actos o la realimentación que recibimos. Para poder moderar nuestro comportamiento es necesaria la consciencia. Sin ella, el piloto automático nos conduce a extremos. Si el volante de un coche no nos transmitiera sensaciones físicas, tenderíamos a girarlo demasiado en cada dirección.

Vivir con plenitud

Hay personas que escalan montañas, atraviesan océanos o corren ultra-maratones para sentirse vivos. ¿Es realmente necesario ir a tal extremos? O, en lugar de buscar algo fuera de nosotros, ¿es posible que lo que busquemos ya esté dentro, cubierto de una capa de polvo? A nadie le gustan las sensaciones desagradables y todo el mundo quiere tener sensaciones placenteras… pero, ¿cómo reaccionamos a las sensaciones neutras? Tal vez pasen desapercibidas.

El problema con la insensibilidad a lo rutinario, es que nos puede impulsar a buscar experiencias cada vez más emocionantes. Y, como no es posible sentir placer eternamente, acabamos oscilando entre un extremo y otro, como un péndulo.

Podemos encontrarnos balanceándonos entre el estrés y la indiferencia, el miedo y la imprudencia o la resignación y la evitación. Es posible que experimentemos una lucha interna entre voces contradictorias o pensamientos opuestos que agotan nuestras reservas de energía. Y, a veces, más que oscilar como un péndulo, montamos en una montaña rusa de emociones que nos acaba abrumando.

Vivir con plenitud significa estar presente con todo lo que surja en nuestra experiencia, sea “positivo”, “negativo” o “neutro”. “Estar presente” puede sonar un poco esotérico, pero simplemente quiere decir lo opuesto a evitar, bloquear o ignorar. Cuando practicamos Mindfulness, también estamos desarrollando una conciencia de nuestras reacciones a las sensaciones, como cualquier tendencia de aferrarnos a lo placentero, a censurar lo desagradable o a ignorar lo mundano. Esta conciencia serena es justo lo que necesitamos para encontrar un equilibrio y para actuar en consecuencia.

Neuroplasticidad

Hasta hace relativamente poco, se consideraba que una vez formado el cerebro adulto, no podía cambiarse estructuralmente. La buena noticia es que nuestros cerebros son “plásticos” que significa que somos capaces de cambiar su estructura por el uso que los damos, del mismo modo que podemos entrenar un músculo. Con una práctica regular de Mindfulness, podemos entrenarnos para reducir nuestra reactividad y aumentar nuestra conciencia de nuestra experiencia del momento presente. Numerosos estudios científicos han podido medir cambios estructurales en la materia gris del cerebro después de tan sólo 8 semanas de práctica continuada. Así que nunca es demasiado tarde proponer cambiar nuestra forma de ser.

Conciencia + hábito = cambio duradero

La clave de vivir con plenitud es desarrollar el hábito (práctica) de tener conciencia (Mindfulness).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *