¿Para qué sirve hacer un retiro?

Hay muchos tipos de retiro, pero un retiro de Mindfulness es más bien un acercamiento que un retiro. La idea de “retiro” viene del retiro de todas las “distracciones” externas – los móviles, la televisión, el periódico e incluso las conversaciones – para que podamos centrar mejor la atención en todo lo que surja de un momento a otro en nuestra experiencia interna. No es una desconexión de la realidad, sino todo lo contrario. Nos conectamos con la única realidad que podemos conocer: nuestra representación del mundo exterior o nuestros propios sentidos, emociones y pensamientos. Podemos considerar un retiro como un campo de entrenamiento de la atención, para ayudarnos a reducir la reactividad ante situaciones difíciles, a bajar el volumen de los pensamientos y a disfrutar más de la vida.

Un retiro no es un escape o una manera de “irnos de vacaciones de nuestros problemas“. Si te vas de vacaciones a la playa para desconectar, la vuelta puede resultar dura. Sin embargo, un retiro es un viaje interno sin ida ni vuelta: el lugar que habitas en un retiro lo llevas contigo, vayas donde vayas. Ir a un retiro tampoco es una actividad egoísta o una forma de “ombliguismo”. En caso de una bajada de presión de cabina en un avión, te aconsejan colocar primero tu máscara de oxígeno, antes de ayudar a otras personas. Del mismo modo, no podemos empatizar con otras personas si no tenemos plena consciencia de nuestras propias emociones, y no podemos cuidar a otras personas si no nos estamos cuidando a nosotros mismos.

La actitud con que se hace un retiro es muy importante. Si vamos con la expectativa de alcanzar un estado de iluminación o un insight profundo, puede que la búsqueda de dicho estado o la decepción de no llegar a él acabe distrayendo nuestra atención. Es fundamental que no forcemos las prácticas durante el retiro para evitar preocuparnos excesivamente por cuestiones relacionadas con lo bien o lo mal que lo estamos haciendo. Si surgen estas “dificultades”, entonces simplemente debemos observarlas como una parte más de nuestra experiencia. Un retiro no tiene por qué ser un autocastigo o un reto de resistencia; basta con tener la intención de hacer las prácticas con curiosidad y apertura hacia lo que emerja.

A pesar de que algunas prácticas del retiro sean guiadas, estar en silencio puede parecer un gran reto para ciertas personas. El silencio suele extenderse a no mirar a los ojos de las demás personas, ya que una parte significativa de nuestra comunicación es no verbal. Puede parecer una falta de respeto no saludar a una persona, pero el respeto que se demuestra por no distraerla de su práctica es aún mayor. Si, por ejemplo, durante la comida, alguien quiere el salero, es probable que otro se dé cuenta y se lo acerque, sin que nadie diga nada. El aumento de consciencia compensa la falta de comunicación.

Para participar en algunos retiros, es necesario haber hecho previamente un curso de Mindfulness de 8 semanas (MBCT o MBSR). En la sexta semana de los cursos de MBCT , suele haber un día de prácticas o un “mini retiro”. Para muchas personas, es la primera vez que experimentan un silencio externo y una conexión interna durante tanto tiempo. En parte, las primeras 6 semanas son una preparación para aprovechar plenamente el día de prácticas. Mucha gente nota “un antes y un después” del día intensivo y salen con una motivación reforzada para seguir practicando Mindfulness. De hecho, normalmente se extiende la invitación de participar en el día de prácticas a alumnos de previas ediciones del curso, lo que ayuda a fomentar la continuidad.

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