¿Realmente aprecias tu comida?

Mindfulness se practica como un médico práctica medicina, y no como un jugador de baloncesto practica encestar. El propósito de practicar Mindfulness no es mejorar la competencia en la práctica en sí, sino traer sus beneficios a nuestro día a día. Si ya practicamos Mindfulness y sabemos correr, no hace falta leer un libro sobre “Cómo correr con Mindfulness”. Sin embargo, el acto de comer requiere una atención especial. Para apreciar por qué, lo mejor es experimentarlo por ti mismo/a.

La receta de la uva pasa

Tiempo: 10 minutos

Ingredientes:

  • 2 uvas pasas
  • Tu atención plena
  • Un reproductor de audio

Reserva un tiempo de 10 minutos cuando puedas hacer este ejercicio con un mínimo de interrupciones. Si no es un buen momento ahora, puedes saltar a la siguiente sección y volver luego.

El objetivo de este ejercicio no es buscar una experiencia particular, sino prestar atención plena a la experiencia tal y cómo es, para ti, en este momento. Para hacerlo, vas a necesitar dos “objetos comestibles”. La recomendación es un par de uvas pasas, pero puede ser cualquier elemento de comida. Si te surgen ideas – por ejemplo, sobre qué te apetecería comer o qué podría dar lugar a una experiencia más interesante – puedes simplemente tomar nota de estos pensamientos como unas observaciones más. Sea lo que sea que hayas elegido, acuérdate que nunca has visto este objeto antes, ni has hecho ya esta práctica en este momento. Si estás listo/a, puedes explorarlo con la ayuda de esta guía:

¿Qué has notado durante esta práctica? ¿Qué sensaciones, pensamientos y emociones han surgido? ¿Cómo ha sido diferente de otras experiencias de comer? ¿Te ha sorprendido algo? ¿Notaste alguna diferencia entre tu experiencia de comer el primer “objeto” y tu experiencia de comer el segundo? Toma un tiempo para reflexionar sobre tu experiencia.

El piloto automático

Muchas tareas sencillas y repetitivas las acabamos automatizando de tal manera que no requieren nuestra atención para realizarlas. Si no fuese así, la complejidad de algo tan rutinario como andar y conversar con un amigo nos abrumaría. Por otro lado, perdemos mucho de la experiencia cuando está encendido el “piloto automático”. Cuando paseamos el perro, por ejemplo, el piloto automático nos permite elaborar planes o poner en orden nuestros asuntos mientras andamos, pero también nos priva de mucha de la experiencia, incluyendo el disfrute de la actividad. No es “malo” pasear al perro en modo automático pero, cuando llueve y la acera está resbaladiza, es posible que nos caigamos si no estamos prestando atención. La práctica de Mindfulness nos ayuda a detectar cuándo está encendido el piloto automático para que podamos decidir apagarlo.

Comer es algo tan habitual que se activa frecuentemente el piloto automático. ¿Has notado un impulso de leer las noticias o la caja de cereales mientras desayunas? ¿Alguna vez has terminado tu comida sin darte cuenta o sin haberla disfrutado?

Los 7 tipos de hambre

Jan Chozen Bays habla de 7 tipos de hambre en su libro “Comer atentos”.

Hambre visual. El refrán “comer con los ojos” se refiere al hambre que puede producir la apariencia de la comida. Podemos satisfacer el hambre visual fijándonos bien en lo que comemos.

Hambre olfativa. Si has tenido allguna vez un resfriado, habrás notado que la comida no sabe igual. Esto es porque nuestro sentido del olfato complementa los sabores que detectamos con la luenga.

Hambre bucal. Estamos condicionados por nuestra educación y cultura a tener preferencias por distintos texturas y sabores – salado, dulce, agrio, picante – y todo esto lo percibimos en la boca.

Hambre estomacal. Cuando decimos que “tenemos hambre”, nos solemos referir a una sensación de calor o a ruidos en el estómago. Sin embargo, estas señales no siempre significan que necesitemos comer. Tendemos a sentir hambre estomacal a las horas típicas de comer, con independencia de las necesidades del cuerpo. Es fácil confundir las sensaciones físicas en el estómago con otras asociadas con emociones como ansiedad. Saber cuándo indican una necesidad real requiere mucha práctica de “escuchar” al cuerpo.

Hambre celular. Cuando nuestras células necesitan comida, es posible que nos sintamos irritables o de bajo ánimo. Es el tipo de hambre más difícil de discernir, pero a la vez el más importante. Los niños suelen saber cuándo y cuánto necesitan comer de manera innata, pero, con el paso del tiempo, perdemos esta habilidad. Esta habilidad es la clave de comer con Mindfulness.

Hambre mental. Hay tanta información sobre lo que es recomendable comer y lo que no, sin hablar de las múltiples dietas que nos prometen ayudar a delgazar, que llenamos nuestras cabezas con pensamientos sobre lo que creemos que deberíamos comer. Esto nos dificulta la escucha al cuerpo. La práctica de Mindfulness nos ayuda a separar estos pensamientos de las señales que nos transmite el cuerpo y a tenerlo todo en cuenta.

Hambre del corazón. Si no nos gusta cómo nos sentimos y queremos sentirnos de otra manera, podemos comer algo para generar una sensación placentera. Sin embargo, no es posible rellenar un vacío en nuestro corazón con comida.

Cómo comer con atención plena

Si ya has hecho el ejercicio de la uva pasa, te puede parecer poco factible comer una comida entera de este mismo modo. Aparte de que la hora de comer ya no duraría una hora sino varias, levantar una hoja de lechuga al oído para observar cómo suena, podría parecer algo excéntrico a la gente. No obstante, la clave de comer con Mindfulness no es comer lentamente, sino comer con la intención de prestar atención y con ciertas actitudes favorables (como no juzgar, no forzar, etc.). Como cualquier otra práctica de Mindfulness, es sencilla de entender pero difícil de hacer. Soy un amante de la comida (sobre todo la española) y el acto de comer me anima y me “aburre” a la vez. El primer mordisco me estimula, pero antes del segundo, ya está activado el piloto automático. Cuando como, mi cerebro tiende a divagar con aún más energía que la habitual. He aprendido a reconocer esta sensación de “aceleración”, que me sirve como un sistema de alerta temprana. Para mí, comer es una oportunidad fantástica para practicar Mindfulness y para llevar mi atención una y otra vez a las sensaciones asociadas con comer.

¿Has notado alguna vez que ya estás pensando en el siguiente mordisco antes de terminar el actual? Un truco muy sencillo para frenarte y permitir que disfrutes de lo que estás comiendo en el momento, es dejar reposar el tenedor en el plato entre mordiscos. Puede que tardes un poco más en comer de lo habitual, pero también es posible que te des cuenta que ya has comido lo suficiente y termines antes.

En España, comer sólo se considera algo un poco raro, e incluso cuando comes sólo, normalmente es imposible comer en paz. Puede resultar contraintuitivo, pero es posible que requiera menos esfuerzo incorporar el ruido en tu campo de consciencia que intentar “censurarlo”. Si comes con alguien, puedes dirigir tu atención intencionadamente a la conversación y a la comida por turnos. Las prácticas “formales” de Mindfulness que hacemos en condiciones más idóneas, entrenan nuestra capacidad de dirigir la atención más eficazmente y nuestra consciencia para que sea más amplia.

Cómo saber cómo sabe

No es lo mismo percibir una sensación de manera directa que pensar sobre la sensación. Cuando pensamos sobre una sensación, añadimos otros elementos a la sensación directa, como gustos, recuerdos e impulsos. Si, en vez de simplemente tener la intención de prestar atención a comer, intentamos comer con atención plena, es más probable que nuestros pensamientos obstaculicen nuestra percepción de la comida.

Comer con atención plena puede cambiar significativamente nuestra experiencia, es posible que disfrutemos mucho más de la comida. Sin embargo, lo inverso no siempre produce los resultados deseados, es decir, si intentamos disfrutar más de la comida por comer con atención plena, es probable que empecemos a comparar nuestra experiencia y a buscar razones de por qué no está siendo tan placentera como esperábamos. Este modo de pensar nos aleja de la experiencia directa de comer. La práctica de Mindfulness nos ayuda a reconocer estos pensamientos y a dejarlos en un segundo plano.

Puede que la mejor dieta no sea una cuestión de qué comemos, si no de cómo comemos.

A veces simplemente comemos con prisas sin apreciar la comida y, a veces, comemos con ansiedad, como si alguien nos la fuera a quitar de la mano. Si esta ansiedad está alimentada por una causa ajena a la necesidad fisiológica de comer – el hambre celular – por mucho que comemos, las sensaciones asociadas no se van a calmar. En algún caso, comer más incluso puede contribuir a sensaciones de malestar y culpabilidad, fomentando un círculo vicioso. Mindfulness nos ayuda a “estar” con estas sensaciones desagradables sin intentar “huir” de ellas y a ser conscientes de las reacciones y los impulsos que éstas provocan. Esto nos permite elegir una acción diferente de la habitual, una que nos convenga más. Por ejemplo, Mindfulness nos puede ayudar a detectar cuáles de los 7 tipos de hambre tenemos y si realmente necesitamos comer más o no. Ha habido casos de personas con obesidad que, al mismo tiempo, sufren de malnutrición… ¿Cómo es posible? Si el cuerpo necesita un determinado nutriente pero queremos o creemos que deberíamos comer otra cosa, las sensaciones de hambre persistirán hasta que esta necesidad se satisfaga. Puede que la mejor dieta no sea una cuestión de qué comemos, si no de cómo comemos.

Si todavía no has realizado el ejercicio propuesto al principio de este artículo, recomiendo que busques un momento para hacerlo.

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