Viviendo con incertidumbre

¿Es cierto que más información siempre da lugar a menos incertidumbre? Según la teoría de la información, existe información sólo cuando hay cierta incertidumbre sobre lo que puede suceder. En la ausencia de incertidumbre, la “información” ya no informa y, por lo tanto, deja de ser información. Paradojicamente, a medida que crece la cantidad de información que tenemos a nuestra disposición, también aumentan los grados de incertidumbre. Por ejemplo, toda la información sobre las especificaciones de un ordenador frente a otro, ¿te hace sentir más seguro de cuál comprar, o te abruma? Depende. Lo que sí es cierto es que más información relevante da lugar a menos incertidumbre.

Lo conocido conocido, lo desconocido conocido y lo desconocido desconocido…

Siempre existe un grado de incertidumbre en nuestras vidas, eso es un hecho cierto. Sabemos que hay cosas que no sabemos. Sin embargo, la sensación asociada (la emoción) con la incertidumbre (el hecho de no saber) suele ser desagradable y nos puede impulsar a reaccionar de manera automática para aliviarla. Una estrategia para reducir la incertidumbre es excluir información de manera deliberada o precipitar una respuesta.

Hace poco tuve que hacer un examen de elección múltiple que contenía unas preguntas de cuyas respuestas no estaba seguro. Perversamente, leí estas preguntas más rápidamente que las demás, las contesté con menos cuidado y me convencí a mi mismo de que las respuestas eran correctas. Al darme cuenta de que estaba reaccionando a la sensación incómoda de incertidumbre, volví a leer las preguntas de manera más detenida, corregí las respuestas que estaban mal y dejé las que no sabía contestar en blanco (porque los errores penalizaban).

Es posible tener tanta aversión a la sensación de incertidumbre que preferimos precipitar un resultado conocido, pero seguramente peor, en lugar de vivir con un resultado desconocido. Si alguna vez has tenido problemas de salud sin saber a qué se debían, ¿has experimentado el deseo de que te diagnostiquen una enfermedad, aunque sea grave? ¿Te has sentido decepcionado/a cuando el médico te ha dicho “las pruebas están todas bien”? Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer… ¿O no?

Los cisnes negros

Nassim Taleb dice que nuestra capacidad de estimar la probabilidad de un evento muy inusual (como, por ejemplo, la apariencia de un cisne negro) es pésima. En parte es porque las emociones influyen mucho en nuestras estimaciones. Después de un atentado terrorista es poco sorprendente que baje el turismo en el país donde sucedió. Sin embargo, existe más o menos la misma probabilidad de que te toque la lotería que de estar en el mismo lugar en el mismo momento que un atentado. La sensación que provoca el pensamiento de un ataque terrorista es tan horrible que tendemos a sobreestimar la probabilidad de que ocurría. También sucede lo contrario: cuando fumaba, por ejemplo, bloqueaba los pensamientos sobre el riesgo asociado de padecer de una enfermedad grave. En las decisiones que tomamos, es importante tener consciencia de los sesgos que tenemos por nuestra aversión a estas sensaciones.

En lugar de hacer predicciones, Nassim Taleb dice que deberíamos aprovechar las oportunidades que presenta la incertidumbre. Para que esto sea una posibilidad, tenemos que estar atentos, a pesar de la aversión que tengamos a la incertidumbre. La capacidad de prestar atención, con independencia de que algo nos guste o no, es exactamente la que desarrollamos con la práctica de Mindfulness.

Ponte en los zapatos de otra persona

¿Has experimentado alguna vez esa sensación de impotencia de querer ayudar a alguien que ha sufrido una desgracia, sin saber qué decirle? ¿Has notado el impulso de dar una respuesta tranquilizadora o de minimizar el problema (“Seguro que todo irá bien”)? ¿Has percibido la tendencia de dirigir la conversación hacía ti (“En mi caso, lo que me pasa es…”)? Hay ocasiones en las que queremos ponernos en los zapatos del otro, pero no estamos preparados para hacerlo. Si realmente queremos ayudar a otra persona a sufrir menos, tenemos que estar preparados para no tener la respuesta. Cuando nos ha tocado a nosotros sufrir, más que palabras lo que hemos necesitado es saber que la otra persona está ahí para nosotros. Si alguien intenta “repararnos” puede hacernos sentir más “roto/a”.

¿Coraje o valentía?

No hay nada que temer, salvo el propio miedo.

— Franklin D. Roosevelt

La valentía se refiere a la capacidad de actuar sin sentir miedo. El coraje, no obstante, es la capacidad de actuar a pesar de sentir miedo. El miedo no es “malo”, sino todo lo contrario. Normalmente, nos advierte de un peligro que deberíamos tener presente. No es el peligro en sí lo que no nos gusta, es la sensación que el miedo al peligro produce en nosotros lo que nos resulta desagradable. Si, para no sentirlo, ignoramos o negamos el peligro, corremos un riesgo innecesario. El coraje no sólo se refiere al coraje para actuar, sino al coraje de considerar todos los factores en la decisión, especialmente los que nos causan aversión. La misma apertura es clave en la práctica de Mindfulness. La práctica consiste en prestar atención a todo lo que surge en nuestra experiencia, tal como es y sin cambiar nada. A veces la práctica de Mindfulness requiere coraje, sobre todo cuando implica enfrentarse o aceptar hechos o pensamientos que nos producen aversión. Por eso, Mindfulness es algo sencillo de entender pero difícil de practicar, especialmente al principio.

Preguntas abiertas

Del mismo modo que dejas de buscar algo una vez que lo has encontrado, una pregunta cerrada tiene una efectividad limitada en cuanto a reducir incertidumbre. Por otro lado, una pregunta abierta invita a una investigación continuada. Sin embargo, una pregunta abierta puede generar aún más incertidumbre y, por lo tanto, es importante estar dispuesto/a experimentar una sensación incómoda asociada a ella. En la práctica de Mindfulness, nos hacemos preguntas como “¿Qué cualidades tiene esta sensación?” e indagamos en nuestra experiencia con curiosidad y apertura.

No todas las preguntas abiertas son productivas. Esta mañana, mi mujer me ha preguntado “¿Por qué estás de tan mal genio hoy?”. Fue una pregunta bastante justificada, pero si me la hubiera hecho a mí mismo, habría empezado a buscar una causa. Como no había ninguna razón obvia, la búsqueda sólo hubiera servido para traer a mi mente todas las cosas que “me molestan” y a enquistar mi estado de mal humor. He aprendido a contestar (a mi mismo y a mi mujer) “No lo sé, pero pasará”. Sí, incluso con Mindfulness, existen los malos humores, lo que cambia es cómo nos relacionamos con ellos.

Haz lo correcto

Muy bien, pero ¿qué haces si no sabes qué es lo correcto?

La pregunta no es “¿Es correcta o incorrecta esta acción?” sino: “¿Surge la acción de la atención o de la reacción?”.

Ken McLeod (Wake Up to Your Life)

Hemos visto que actuar de una manera reactiva no es siempre la mejor elección. A menudo nos cuesta distinguir entre un hecho (estar en una situación de incertidumbre) y nuestra reacción a ello. Precisamente Mindfulness nos ayuda a separar estos dos aspectos de nuestra experiencia – la atención y la reacción – para que seamos capaces de permanecer con la sensación de incertidumbre, es decir, atenderla, sin que nuestros pensamientos o nuestras decisiones se vean arrastrados de forma reactiva por un impulso. Esto nos facilita aproximarnos a nuestra experiencia en cada momento con la “mente de principiante”, o la actitud de no saber lo que va a ocurrir. La realidad es que nunca sabemos lo que va pasar en el siguiente momento con certidumbre.

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