Ceguera de atención

¿Quieres hacer una prueba para ver cuán buena es tu capacidad de prestar atención? En este vídeo verás a varias personas que se pasan una pelota de baloncesto. La prueba consiste en contar el número de veces que las personas vestidas de blanco pasan el balón. (No leas lo que viene a continuación hasta que hayas visto el vídeo.)

¿Has visto el vídeo? Entonces, sigue leyendo…

¿No has visto el gorila entrar del lado derecho, andar lentamente hasta el centro, darse unos golpes en el pecho y salir por el lado izquierdo? Si no lo has visto, no te preocupes. Aproximadamente la mitad de las personas que participaron en el estudio, llevado a cabo por los investigadores Daniel Simons y Daniel Levin, tampoco vio el gorila. Es un ejemplo muy dramático de atención selectiva o ceguera inatencional: cuando estamos demasiado enfocados en una tarea, no atendemos a otros elementos del entorno, por llamativos que sean. Imagínate que, en vez de un juego con un balón, fuera una carretera con coches y, en vez de un gorrilla, fuera un ciclista…

Ceguera al cambio

En este segundo vídeo de los mismos investigadores, podemos ver cómo es posible que unos cambios muy significativos pasen desapercibidos cuando hay una breve distracción.

Esto es un ejemplo de la ceguera al cambio. El participante inocente del experimento no se dio cuenta de que la persona a la que le estaba dando indicaciones no era la misma que se las había pedido, porque había pasado un hombre llevando una puerta entre ellos. De nuevo, el 50% de los participantes no se percató del cambio. Tal vez la explicación se deba a que el cambio choca con nuestra necesidad de dar sentido al mundo y acabamos interiorizando la versión más probable de los eventos. Cada vez que nos piden indicaciones, ¿deberíamos tener en cuenta la posibilidad de que estemos participando en un estudio psicológico?

En el país de los ciegos…

Puede que un ciego no tenga la posibilidad de recuperar la vista pero, al menos, la consciencia de la ceguera le permite adaptarse a su condición. La consciencia de la ceguera inatencional nos hace mirar dos veces por si viene un ciclista y nos advierte del peligro de hablar por el móvil mientras conducimos, por ejemplo. La consciencia de la ceguera al cambio nos hace cuestionar las cosas que damos por hechas.

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