¡Atención! ¿Por qué es tan importante?

Atención, atención. Aquí y ahora chicos, aquí y ahora.

— Aldous Huxley, La Isla

Si consultas en Google Trends el número de búsquedas por ocurrencias de la palabra “attention“, apreciarás una clara tendencia.

Attention search trend 2004-2017

Desde que éramos niños nos han dicho que prestemos atención, pero cada vez hay más cosas que compiten por nuestra atención, de tal manera que ya no es simplemente una cuestión de prestar atención, sino de a qué hacerlo.

Antes de que la psicología conductista se pusiera de moda, la atención era un campo de estudio de creciente interés entre los psicólogos occidentales, como señaló Pillsbury en su libro Attention, publicado en 1908:

Ninguna parte del individuo es ajena [a la atención]. Se extiende a cada parte del organismo físico y se localiza entre los más profundos eventos de la mente.

Aunque actualmente disfruta un cierto renacimiento en términos de interés en occidente, la atención ha sido objeto central de la reflexión contemplativa en el mundo oriental desde hace miles de años.

[Mientras lees este artículo, quizás quieras hacer un pequeño experimento: a ver si puedes notar cuántas veces divaga tu mente en el tiempo que tardas en leerlo (típicamente 5 minutos).]

¿Por qué es tan importante la atención?

Podemos concebir nuestras mentes como un ordenador que procesa inputs – nuestros sentidos – y emite outputs – decisiones para actuar. Está claro que, cuánta más atención prestamos en nuestros sentidos, de más información disponemos para la toma de decisiones. Además, cuánta más atención prestamos al resultado de estas decisiones, más eficaces serán. Pero no siempre más es mejor, porque la atención tiene un ancho de banda limitado que restringe la cantidad de inputs a los que podemos atender en un momento dado. Por lo tanto, es tan importante la capacidad de prestar atención como la de dirigir la atención a lo más relevante en cada momento.

Afortunadamente podemos automatizar ciertas tareas, como la de andar, lo que libera nuestro ancho de banda de atención para otros propósitos. Incluso el proceso de automatizar una tarea parece ser automático: ni nos damos cuenta cuando lo estamos haciendo, basta con repetir una tarea sencilla unas cuantas veces para internalizarla. Todo esto es maravilloso, pero tiene un coste.

El piloto automático

La repuesta pre-programada automática no siempre es la más adecuada ante todas las situaciones. A todos se nos han ocurrido ocasiones en que nada más actuar hemos pensado “¿Por qué he hecho eso?” o incluso “¡Siempre hago lo mismo!”. Por lo menos en estos casos tenemos conciencia de nuestros automatismos. A veces, ni siquiera nos damos cuenta de que está encendido el “piloto automático”.

La mente dispersa

[Has notado que tu mente se ha dispersado ya en algún momento? Si es el caso, tranquilo/a, es perfectamente normal. Si no, puede que siquiera lo hayas notado – esto también es perfectamente normal.]

Los teléfonos móviles tienen una buena parte de la culpa por distraer nuestra atención. Unos investigadores de la Universidad de Harvard los han utilizado en un estudio para medir cuánto tiende a divagar la mente humana. Mediante una aplicación de iPhone que preguntaba periódicamente a los participantes del estudio si pensaban en algo diferente de lo que hacían en ese momento, estimaron que nuestras mentes están distraídos en la media un 47% del tiempo.

Cuando no estamos prestando atención a lo que estamos haciendo en el momento presente, tendemos a viajar en el tiempo – a hacer planes a futuro o a reflexionar sobre el pasado. En la época de las cavernas un león no habría perdonado que un antepasado nuestro se distrajera. No obstante, la capacidad de hacer planes o aprender de errores cuando no hay un león delante posiblemente ha ayudado a la raza humana a sobrevivir en el largo plazo. Hoy en día es cierto que vemos pocos leones, pero podemos sentirnos tan amenazados por un ataque físico como por un ataque a nuestra reputación o a nuestras creencias. La respuesta que elijamos en estas situaciones es crítica y depende de la atención que prestemos.

En el estudio de la mente dispersa se hizo una segunda pregunta a los participantes: ¿Cómo te sientes ahora? Descubrieron que tendemos a estar más contentos cuando estamos atendiendo a lo que estamos haciendo.

[¿Estás haciendo otra cosa mientras lees este artículo? Si es el caso, tal vez te interese leer este otro artículo sobre el mito de la multitarea después.]

¿Qué estaba diciendo?

¿Alguna vez se te ha olvidado dónde habías aparcado el coche? Lo más probable es que no tengas un problema de memoria, sino que no estabas prestando atención en el momento de dejar el coche. La atención es un ingrediente necesario del recuerdo.

Entrenando el músculo de la atención

La práctica de Mindfulness no se trata sólo de dirigir la atención de manera deliberada a varios objetos, como los cinco sentidos y los procesos mentales, sino de desarrollar una consciencia más amplia sobre los movimientos de la atención en sí. Una persona de poca forma física puede elegir vivir de una manera que no requiere mucho esfuerzo físico, pero vivir sin prestar atención a las vivencias no es vivir. La atención es la diferencia entre ver una película de tu vida y ser un actor/una actriz en ella.

Mi experiencia consciente está constituida por aquello a lo que atiendo

— William James, 1890

La buena noticia es que se puede entrenar la atención como si fuese un músculo más. Pero al igual que ir al gimnasio, requiere el compromiso de hacerlo con regularidad porque todos los músculos se atrofian con el desuso. En inglés “prestar atención” se traduce como “pay attention” (“pagar” atención), como si tuviese un coste asociado. Levantar un peso sí que tiene un coste energético, pero prestar atención no, a no ser que la forcemos. Para la práctica de Mindfulness se aconseja no forzar y, si notamos que se nos va la atención, devolverla con suavidad a dónde estaba. Del mismo modo, hay un coste energético si intentamos evitar tener consciencia de algo. Por este motivo, cultivamos con Mindfulness una apertura hacía todo lo que surge en nuestra consciencia. Son conceptos difíciles de verbalizar con exactitud porque la consciencia es algo mayor que los pensamientos – es posible saber algo sin tener que pensarlo – mientras el lenguaje es sólo un tipo de pensamiento. Puedes leer más sobre las actitudes recomendadas en este otro artículo.

Si sólo entrenamos con pesas, puede que nuestra capacidad cardiovascular sufra . Del mismo modo, es importante equilibrar nuestra capacidad de enfocar la atención en un sólo objeto, con nuestra conciencia de los movimientos de la atención. Por ejemplo, jugar a un videojuego puede mejorar mucho nuestra capacidad atencional para ese videojuego, pero no nos aumenta – e incluso puede perjudicar – la atención que prestamos a otros aspectos de nuestras vidas.

El primer paso en cualquier proceso es medir el estado actual. Para realizar esa medición inicial se necesita prestar atención. Si tu atención no está en lo que estás haciendo, lo primero que has de hacer es darte cuenta de ello.

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